Tips para un buen diseño de etiqueta de vino.

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No todo el mundo entiende de vino, pero sí que el vino, le gusta a casi todo el mundo. ¿Cierto?
Hoy te quiero hablar de la importancia que tiene el diseño de una etiqueta de vino. Es tanta, que puede determinar que la botella entre en casa del consumidor o, por el contrario, se quede en la estantería del punto de venta junto a otras muchas.
Lograr el objetivo de ser escogidos no es tarea fácil. Vamos, pues, a analizar los elementos a tener en cuenta a la hora diseñar una etiqueta de vino exitosa y que proceso debemos seguir.
Partimos de la base de que una etiqueta de vino es una carta de presentación que debe “llamar la atención” del usuario en un segundo y medio, según expertos. Este es el tiempo en que un comprador se siente atraído por una etiqueta de vino y no por otra, y es muy poco.
He escrito “llamar la atención” entre comillas, porque se utiliza mucho para explicar que un diseño debe ser notorio, pero yo prefiero hablar de emocionar. Un buen diseño debe emocionar. Sí, persuadir al consumidor a través de la emoción. Está demostrado que la emoción es lo que mueve el impulso de compra del comprador, él o ella sentirán algo en su interior, y este algo se transformará en un: cógeme,
regálame, pruébame.

Y sí, esto lo consigue el diseño de la etiqueta de vino cuando tienes un primer contacto con el producto. Porque cuando toda la competencia está juntita y comparten: Denominación de Origen, el tipo de botella, la tipología de vino que hay en su interior… Es la etiqueta del vino en cuestión, el vestido completo de la botella con su contra y su capuchón, sus acabados técnicos, sus puntos gráficos diferenciadores… Quienes juegan al juego del pilla pilla: “¡CÓGEME A Mí!”.

¿Pero como se logra esto exactamente en un lineal infinito dónde la disputa por ser el elegido está servida?

1) HABLAMOS DE EMOCIONES.

Para saber como emocionar al cliente, una marca se debe conocer a ella misma. Debe conocer su historia y saberla contar: el origen de como empezó todo, la evolución del negocio, anécdotas, tropiezos y logros que han marcado el camino de la bodega, quién hay detrás de la producción… Y a esto, también sumarle que personalidad tiene cada vino y que despierta en probarlo o compartirlo.

2) BRANDING Y ESTRATEGIA DE MARCA.

Todo negocio o marca debe trabajar su branding, su universo de marca. Esto ayuda a posicionar el producto en el mercado y en la mente del consumidor y, para lograrlo, las bodegas deben dar respuestas a los siguientes puntos para así, poder transmitir esta información al diseñador de etiquetas de vino.
Como diseñadora de etiquetas de vino, a la bodega le pregunto:
¿Quién es tu target? ¿Tu cliente ideal? ¿A qué público va dirigido tu vino?
¿Cómo este, consume tu vino?
¿En qué contexto lo compra y dónde lo compra?
¿Hablamos de mercado nacional, o internacional? ¿Gran superficie o tienda especializada?
¿Va a crecer la familia del producto en un futuro?
¿Qué precio va a tener? ¿Hablamos de una edición limitada o de una gran producción?

¡Y por cierto, superimportante!
¿Cuál es vuestra propuesta de valor y vuestra filosofía de empresa? ¿Tienes una imagen de marca global que te define, o debemos trabajarla?

3) EMOCIÓN + ESTRATEGIA = A CONCEPTO
Este es el paso previo a la materialización de toda esta información descrita anteriormente y un punto clave para acercarnos al éxito. La base conceptual de cualquier diseño debe ser sólido, firme. Debe comunicar al consumidor el mensaje de una forma directa y contundente y esto hará que se quede en su mente. El concepto es lo que da sentido a un diseño y no a otro.

4) DEL CONCEPTO SALE EL NAMING.
¡Así es! Un buen concepto equivale a un buen naming . ¡Y el naming es, MUY PERO QUE MUY IMPORTANTE! Será el gancho perfecto para que el vino en cuestión se quede en nuestra mente a largo plazo y sea fácil hablar de él con otras personas y, por lo tanto, va a facilitar la recomendación si su interior lo acompaña, claro. Por otra parte, el naming, dado por el concepto, es la puerta para empezar a trabajar el diseño. Es el momento de dar vida, formas y colores, a todo un universo de información sintetizada ya, en una sola palabra.

5) EL DISEÑO GRÁFICO DE UNA ETIQUETA DE VINO

Ha llegado el momento de transmitir el mensaje al consumidor de forma visual, y lograr que este, llegue en forma de emoción para despertarle “algo” en su corazón. No le puede dejar indiferente, ni irritar o hacerle sentir incómodo, al contrario, debe sentirse identificado con el diseño de la etiqueta de vino y con la historia que esta narra, debe generarle seguridad y satisfacción.
El trabajo del diseñador o diseñadora debe ser cuidadoso y muy profesional, de calidad. Me refiero a que el diseño de la etiqueta de vino debe tener una correcta jerarquía de la información y una perfecta combinación de los elementos gráficos: la tipografía, la ilustración, una infografía en la contra etiqueta…

¡La profesionalidad en la ejecución marcará la diferencia!

¡Y sí, falta hablar de la contra etiqueta! Un elemento que no podemos olvidar. Además de contener la información legal del producto, nos permite informar de datos más técnicos que le pueden dar un plus al producto, cómo: hacer referencia al maridaje del vino en particular, su idónea temperatura de conservación o terminar de persuadir con un texto romántico, gracioso o ingenioso. Debemos tomarla como una oportunidad comunicativa que nos ayudará a sellar la conquista.

¿No nos dejamos algo?
¡Claro! La cápsula o lacre. La guinda del pastel o en este caso de la botella de vino. Este elemento
potencia el branding, refuerza la imagen del vino y la presencia visual del producto en el lineal.

6) LA IMPRESIÓN: ACABADOS DE CALIDAD

Aquí ya estamos llegando a la recta final, pero no por esto es menos importante, sino que según el tipo de papel adhesivo que escojas, el tipo de impresión que utilices y los procesos de producción o acabados especiales que acompañen el diseño… Vas a comunicar una cosa u otra.

La impresión es el broche, la manera de culminar la experiencia de una forma táctil y un refuerzo visual. Los acabados de impresión son el punto y final de la historia que querías contar. Como siempre en el diseño, a esta parte más sensorial e incluso romántica, le debemos sumar la parte técnica, ya que una botella de vino no es cualquier producto, debe aguantar bajas temperaturas, darse baños en cubiteras y, por tanto, debemos tener en cuenta que el papel de la etiqueta de vino adhesiva quedará sumergido. ¿Papel y agua, como si dijéramos aceite y agua, no? Una pareja imposible. Pues no. Con un correcto asesoramiento de los mejores profesionales, todo tiene solución. ¡Y sí! Hay acabados impresionantes y espectaculares en el mercado: tintas termo-sensibles, troquelados, relieves, stampings, barnices especiales, etc. Pero los costes de producción deben ser analizados previamente y hacer una valoración del producto/cantidad/precio final/ beneficio.

Tenemos que ser realistas, pero no te desanimes. A veces, la sutileza es la mejor arma de seducción.
¿Menos es más, dicen, no?

7) POR ÚLTIMO, UN PEQUEÑO CONSEJO COMO AMANTE DE MI PROFESIÓN.

Deja que la bodega y su producto brillen por su personalidad única, por su historia y por los valores que representan. No se te ocurra copiar a la competencia por muy bien que le vaya… Claro que puedes inspirarte en casos de éxito o trabajos previos que despiertan esta emoción en ti, pero es importante buscar esta honestidad, esta verdad que nos hace únicos y únicas. Y con las marcas, pasa lo mismo.
¿Parece difícil? No te preocupes. Si lo necesitas, aquí estoy para ayudarte a poner en orden todas la ideas, a buscar esta emoción y a dar vida a este diseño de etiqueta de vino tan único, especial e irrepetible como el jugo del interior de la botella.

Contáctame y cuéntame que tienes en mente. ¡Me fascina y apasiona escuchar nuevos proyectos!

También te puedes pasar por mi galería de trabajos dónde hay todos los diseños de etiquetas de vino y, así, luego me cuentas si algún proyecto te ha emocionado 🙂